| El Sistema Económico: un problema de cimientos |
C uando los políticos comenzaron a tener idea de la envergadura de la actual crisis económica había algunos que hablaban de “refundar el capitalismo”. Este término no sólo se ha quedado en retórica, sino que en sí mismo es falaz, al considerar el actual modelo como el único posible. Un año después de la grandilocuente cumbre del G-20 comprobamos que si hay que refundar debe ser sobre cimientos nuevos, porque el problema de este edificio económico no son sólo ciertas vigas que han sido devoradas por las termitas especuladoras, sino los mismos principios consistentes en partir de la falsa premisa de los recursos inagotables y el crecimiento ilimitado. El capitalismo nos ha convencido de que acaparar bienes o dinero es la medida del estatus, ha fomentado el individualismo y la competitividad hasta el extremo, ha desvirtuado el valor de lo humano para convertirnos en una simple mercancía y ha viciado el significado del trabajo. Y aún así ni se plantean tocar las verdaderas raíces de esta crisis, que van más allá de la desregulación del mercado y la prostitución de los gobiernos a los gurús de las finanzas. Ya ni se habla siquiera de “refundar”, más bien está siendo parchear (con la tela que ponemos entre todos). Pero el sistema económico no necesita remiendos, necesita un cambio radical de paradigma.Desde los años setenta del siglo pasado existe una corriente que defiende una economía basada en fortalecer lo local, lo pequeño; un desarrollo no medido en términos absolutos de crecimiento del PIB, sino considerando muchos otros factores más cercanos y decisivos sobre el bienestar del individuo y de las comunidades; un sistema que parta de admitir la limitación de recursos, el respeto al medio ambiente, la equidad y la necesidad de una tecnología con rostro humano. Las experiencias en estas líneas que han llegado hasta nuestros días son diversas, pero todas ellas tienen un objetivo común: la desvinculación en la medida de lo posible de un sistema abocado al colapso. Ésta tiene varias vertientes: energética, renunciando a los productos derivados del petróleo y apostando por la producción de energías renovables a pequeña escala; monetaria, creando monedas alternativas de ámbito local basadas en el valor del trabajo o a través de los “bancos de tiempo”; financiera, a través de entidades de banca ética que ofrecen tanto productos de ahorro como créditos que garantizan un movimiento ético de nuestro dinero que genere desarrollo a nivel local. En Biosegura 2010 plantearemos estas cuestiones a través de dos encuentros: Pueblos en Transición y Hacia una Economía Solidaria, que no sólo pretenden dar a conocer estas iniciativas que ya se han materializado con éxito en diversos lugares, sino dar el paso para su aplicación en nuestra comarca. ¿Os atrevéis? Para dejar tus comentarios dale a "leer más" |




















Comentarios
Sin embargo el sistema no colapsará porque eso significará que los propios inventores del liberalismo grotesco que tenemos implantado se hundirían en los escombros de este edificio. No son tan tontos para que esto ocurra y estoy convencido de que tienen más de un as en la manga para que esto no ocurra. Así como hace 20 años no se veía ni una placa solar ahora se ven vastas extensiones de sistemas energéticos novedosos... porque son rentables. Igual que por ahora sale rentable tener a la mitad de la Humanidad sumida en la peor precariedad. El mundo, en suma, se mueve por la rentabilidad.
Corroer este sistema se hará alguna vez si es, precisamente, rentable, más allá de la dialéctica y las teorías que puedan surgir. Esperemos que pronto se dé este fenómeno y varíen muchas formas que podrían precipitarse si un poder popular muy poderoso lo demandara (y entonces, como sería rentable el cambio, se produciría).
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